Contar otoños, desde el recuerdo
húmedo y olor a escuela.
Hoy me viste gris semblante, araña
mis guantes el raudo tren a ningunas partes.
Esta cama fría de mantas de cariño,
aviven mi angustia por tanto correr,
por tanto bracear.
Este silencio impaciente, que me pide
más vacío, porque el vacío acaba
con palabras, asfixia las hogueras,
acaricia el desatino.
Contar otoños, desde el recuerdo
húmedo y olor a escuela.
Hoy me llueven suspiros y empañan
mis cristales el raudo tren a ningunas partes.
Rastro entre cardillos, tierra mojada
de rocío. Olor a rama astillada de olivo;
la carrera de charcos en las botas de un niño.
Para contar otoños y saber que la lucha
no entiende de mareas de quietud, de
luna sin amor.
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